jueves, 6 de enero de 2005

Baja

John Saxe-Fernandez
La Jornada.
México 6 de enero de 2005.

Gracias al insistente -y aventurado- activismo desplegado por el gobierno de Fox a favor de las grandes empresas petroleras, gaseras y de generación eléctrica a lo largo de la frontera norte y, de manera especial, en Baja California, prácticamente desde tiempos del secretario de Estado William Seward (1861-1869) nunca había sido tan intenso el interés estadunidense por el dominio de Baja.

En historia de la doctrina Monroe (Eudeba, 1964) Dexter Perkins recuerda que bajo el pretexto de defender esa doctrina, Seward propuso que su país asumiera los pagos del servicio de la deuda mexicana durante tres años a cambio "de un embargo preventivo sobre... la Baja California, Chihuahua, Sonora y Sinaloa", lo que, según reconoció ante el Congreso de esa nación su ministro en México, "terminaría probablemente con la cesión de la soberanía" a Estados Unidos. Aunque entonces la propuesta fue rechazada, el interés por Baja y los otros estados norteños se mantuvo a lo largo del siglo XX y creció con el inusitado aumento de la inversión estadunidense en el negocio turístico, de bienes raíces y más recientemente en el vital y estratégico sector energético.

Siguiendo el "guión" del Banco Mundial, Vicente Fox colabora entusiastamente en la "colonización energética" de Baja. Ahí se despliega, vertiginosamente, todo un esquema que la Casa Blanca, su aparato de "seguridad nacional" y las empresas del ramo (entre ellas Sempra Energy, Shell y Conoco) conciben como uno de los pivotes del "futuro orden energético global" centrado en la explotación no sólo del petróleo, sino también del gas natural y su uso para la generación de electricidad. Con el desarrollo de la tecnología para hacer líquido al gas natural (LNG, por sus siglas en inglés) se facilita su transportación marítima y con ello la necesidad de terminales portuarias y plantas de "regasificación". Aunque todavía el proceso LNG es costoso y ambiental y políticamente riesgoso, según diversas fuentes autorizadas, recibe gran impulso empresarial y estatal (Bush y Fox), porque además de ser un gran negocio, se le concibe como un medio para hacer frente a la vulnerabilidad estratégica de Estados Unidos ante la gran volatilidad en los precios del petróleo. Volatilidad, sea dicho de paso, paradójicamente acicateada por la brutal toma militar de la reserva petrolera iraquí que desestabilizó Medio Oriente y con ello a la geopolítica del orbe. Pero como en Estados Unidos el aprovisionamiento doméstico de gas natural también se dificulta -con alta incertidumbre en los precios-, la línea oficial tanto del gabinete económico como de seguridad de Bush se centra en la promoción de "terminales LNG".

Según Paul Roberts (The End of Oil, Houghton Mifflin, 2004), Alan Greenspan, jefe de la Reserva Federal, advirtió al Congreso estadunidense en 2003, en medio de insuficiencias en el suministro de gas, que de no impulsarse "una gran expansión de la capacidad de terminales LNG para la importación" de gas, el país enfrentaría graves dislocaciones económicas. Baja pronto se transformó en uno de los sitios predilectos para tal negocio, por su proximidad con Estados Unidos y porque cuenta con un gobierno mexicano alcahuete que haría a un lado los potenciales costos ecológicos, desatendería el rechazo social y político local, y ofrecería subsidios por la vía de un régimen impositivo "benigno" diseñado para impulsar la inversión extranjera. El gobierno de Fox, a pesar de impugnaciones locales sobre crecientes riesgos político-militares y de la crítica de sectores ambientalistas, gestionó rápidamente el primero de los tres permisos requeridos para que Sempra empiece la construcción de una de sus plantas en la meseta de la Costa Azul, que transformarán metano líquido y congelado en vapor de gas, para satisfacer, no las necesidades energéticas de México, sino de Estados Unidos. Se trata de un proyecto que Sempra espera tener en operación a principios de 2006.

Como con el resto de los proliferantes proyectos en curso en Baja, el gas, la electricidad y las ganancias se dirigen al norte. La contaminación, los bajos salarios y los riesgos de seguridad se quedan acá. Algo que podrá comprobar quien visite la termoeléctrica de Mexicali, otra operación de Sempra terminada en 2003 que funciona con gas traído de el país vecino, sustituible por el que llegará a la Costa Azul, proveniente de Bolivia o Indonesia. La torpeza de Fox es de orden mayor al impulsar, en medio de una guerra con reacciones "asimétricas" (terroristas) contra la agresión de Estados Unidos en Irak, que . Baja -y la frontera norte- se transforme en uno de los principales ejes para el abastecimiento energético estadunidense. La "integración infraestructural" con Estados Unidos que fomenta ya colocó al territorio nacional como blanco potencial de ataque, vulnerando la seguridad e integridad de la nación. Como expresó Michael Clark, vocero de Sempra: "Nosotros vemos a California (EU) y a Baja California como una región y nuestra meta es asegurarnos que la región tenga la suficiente infraestructura energética para enfrentar sus necesidades futuras" (cursivas mías).

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